El difícil ajedrez de la próxima siembra para los productores en Uruguay

TÍTULO: El desafiante panorama de la siembra invernal para los productores uruguayos

CUERPO:
El sector agrícola uruguayo se encuentra en un periodo crítico de toma de decisiones para la inminente siembra de invierno. Las tensiones geopolíticas globales, en particular el conflicto en Medio Oriente, están generando ondas expansivas en los mercados internacionales, elevando los precios del petróleo y afectando directamente los costos de producción de granos. Los agricultores se enfrentan a un interrogante fundamental: ¿qué cultivos y en qué proporción deben plantar?

A mediados de marzo de 2026, el ciclo agrícola-ganadero se inicia bajo una atmósfera de profunda incertidumbre. Además de la situación internacional, factores locales como un tipo de cambio del dólar impredecible, la persistencia de la sequía en algunas zonas, y la dualidad de precios récords en la hacienda de reposición frente a la baja del ganado gordo, contribuyen a un escenario donde los productores rara vez han tenido que decidir con tantas variables inciertas simultáneamente.

Los próximos 30 días serán determinantes para definir estrategias agrícolas clave, incluyendo la selección de cultivos, la planificación de la fertilización y los esquemas de rotación para la segunda mitad del año. Estas elecciones no serán uniformes, ya que la situación de los productores del norte, beneficiados por lluvias recientes, contrasta fuertemente con la de sus colegas del sur, quienes continúan luchando con cultivos severamente afectados por la escasez hídrica.

La modelización precisa de los sistemas productivos es actualmente inviable. La volatilidad de costos y precios está supeditada en gran medida a la evolución del conflicto entre Irán y la región de Medio Oriente, especialmente la crítica situación en el Estrecho de Ormuz. La amenaza de bloqueos, ya sea por minas o drones de bajo costo, y la capacidad de las potencias como Estados Unidos e Israel para asegurar la navegación a corto plazo, se traducen directamente en proyecciones de mayores costos de combustibles y fertilizantes con cada día que pasa.

El Medio Oriente es una fuente crucial, aportando un tercio del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados, principalmente urea, cuya fabricación depende en gran medida del gas natural. Este insumo energético ha experimentado un aumento de precio aún más pronunciado que el petróleo. Como resultado, el precio de la urea ha escalado US$ 150 por tonelada en las últimas dos semanas para las entregas programadas en abril y mayo.

Los costos de los insumos ya eran elevados antes de la escalada del conflicto, con una relación insumo-producto desfavorable para un trigo a precios bajos. El reciente repunte de la urea está arrastrando al alza el costo de otros nutrientes esenciales como el fósforo y el potasio. El fosfato de amonio, por ejemplo, se acerca a los US$ 900 por tonelada, y la cadena de distribución enfrenta una limitada liquidez.

Según presupuestaciones de la Unión Rural de Flores (URF) de febrero, los costos de siembra para trigo y cebada mostraron incrementos leves (entre 1% y 2%) respecto a 2025, situándose en US$ 630 por hectárea para el trigo y US$ 702/ha para la cebada. En ambos casos, los fertilizantes (urea incluida) representaban US$ 237, es decir, el 37% de la estructura de costos del trigo y el 30% en el caso de la cebada.

Elena Loaces, de URF, enfatizó la profunda incertidumbre en torno a la urea, que afecta a trigo, cebada y colza, no solo por su precio sino también por su disponibilidad y los stocks de las empresas. La porción del presupuesto destinada a fertilizantes podría superar el 40%, ejerciendo presión sobre los márgenes de ganancia. Si la limitada oferta impide a los agricultores cumplir con sus objetivos nutricionales, los rendimientos y volúmenes de producción podrían verse comprometidos.

Según la ONU, cada mes se exportan cerca de 1.33 millones de toneladas de fertilizantes a través del Estrecho de Ormuz. Un cierre de solo 30 días podría generar escasez y poner en riesgo los rendimientos de cultivos dependientes del nitrógeno, como el maíz, el trigo y el arroz a nivel global.

En Uruguay, la presión más inmediata se observa en la avena y los verdeos, que están en plena ventana de siembra. No obstante, los valores favorables de la carne y la leche podrían generar una relación insumo-producto más ventajosa en la ganadería que en la agricultura, como señaló Santiago Raffo. Para los cereales y la colza, que se siembran a partir de mayo, aún existe cierto margen de planificación.

Las bajas expectativas de rendimiento para los cultivos de soja, impactados por la escasez de lluvias, podrían tener un efecto colateral positivo al permitir un mayor arrastre de fósforo residual en el suelo, un insumo cuyo precio no ha subido tan drásticamente. El pronóstico climático añade una capa de incertidumbre, con una primavera bajo influencia de El Niño que podría favorecer el desarrollo de los cultivos de verano con temperaturas y humedad superiores a lo normal, pero también incrementar los riesgos sanitarios y las dificultades para la cosecha de invierno.

Una vez más, las brásicas —colza, carinata y camelina— se perfilan como opciones particularmente prometedoras. Estas oleaginosas invernales, destinadas mayoritariamente a la producción de biocombustibles en Europa, se espera que superen las 297 mil hectáreas sembradas en la zafra 2025. Las primeras cotizaciones en el mercado local esta semana situaron la colza entre US$ 500 y US$ 505 por tonelada. En Europa, su valor ha ascendido un 13% desde principios de año, alcanzando los US$ 575 por tonelada. La prolongación del conflicto y el aumento del petróleo potenciarían el atractivo de estos cultivos, que, en cierto modo, actúan como un seguro frente al encarecimiento de los insumos.

El girasol, el primer cultivo de verano en ser cosechado, está viviendo su zafra más importante desde 2009 y ya se beneficia de los valores de mercado más altos desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. El aceite de girasol en Europa se acerca a los US$ 1.600 por tonelada, aunque en la región cotiza a US$ 1.290 debido a la presión de la cosecha récord argentina, que aumentará sus exportaciones en un 170%. En Uruguay, con 25 mil hectáreas (el doble que el año anterior), el girasol ha arrojado muy buenos rendimientos a pesar de la sequía, captando valores de US$ 550 a US$ 600 por tonelada de semilla, incluyendo bonificaciones por contenido de aceite que podrían dejar un margen de US$ 500 por hectárea antes de la renta.

La incertidumbre sobre los rendimientos finales de soja está frenando las ventas de grano, a pesar de que esta semana alcanzó su valor más alto en casi dos años (mayo de 2024), con cotizaciones de US$ 410 por tonelada en el mercado local. Sin embargo, debido al incremento de las primas, solo capta parcialmente el precio de Chicago, que llegó a US$ 455 por tonelada. Fernando Villamil, director de Hajnal & Cía, un exportador, afirmó que «desde el punto de vista del productor, es un escenario de precios favorables, por encima de las expectativas, pero es difícil tomar posiciones en el mercado debido a la gran incertidumbre sobre el tamaño de la cosecha y una importante caída en los rendimientos».

En la zafra anterior se cosecharon casi 4 millones de toneladas de soja en 1.38 millones de hectáreas sembradas, con un rendimiento récord de 3.121 kg/ha. Para la actual campaña de soja, Villamil planteó como hipótesis un rendimiento promedio cercano a los 1.800 kg/ha en 1.25 millones de hectáreas, lo que resultaría en una cosecha de unos 2.25 millones de toneladas, prácticamente la mitad del año pasado. En Chicago, el aumento de la soja sigue la trayectoria de los aceites, y los productores que tienen la mayor parte de la cosecha pasada en silos aprovechan para vender. No obstante, China sigue sin adquirir soja estadounidense en volúmenes significativos. Villamil señaló: «No hay una correlación con los negocios físicos. Ante tanta incertidumbre, el comercio se restringe mucho a lo indispensable, de corto plazo; los rangos se amplían y las coberturas para ventas más diferidas quedan muy abiertas».

En el último mes, el precio de la soja en Chicago alcanzó máximos de dos años, aunque la prima para los embarques en puertos sudamericanos se ha ampliado durante la plena cosecha. En Argentina, los valores acompañaron la suba en mayor medida que en Brasil, país presionado por una estimación de producción récord de 180 millones de toneladas y una apreciación del real frente al dólar del 6% en 2026. A las expectativas de demanda doméstica de biocombustibles en Estados Unidos, que está por publicar un nuevo mandato que aumentaría la mezcla con los combustibles convencionales, se suma el incremento del petróleo, lo que renueva la competitividad de los aceites vegetales.

El precio del aceite de soja estadounidense subió un 35% en las primeras 10 semanas de 2026, alcanzando máximos de tres años. El aceite de palma de Indonesia, habitualmente el más económico del mercado, sobrepasó las referencias del aceite de soja sudamericano (Argentina y Brasil), tensionados por el volumen de cosecha y el aumento de la producción. La consolidación del aumento de precios parece impulsada por la demanda, a pesar de que la oferta sigue siendo voluminosa.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estima una producción récord de aceite de soja de 71.4 millones de toneladas en 2026, 1.3 millones de toneladas más que el año pasado (+1.9%), con una caída proyectada de las exportaciones del 8.5% (de 14 a 12.8 millones) y un aumento del consumo doméstico impulsado por los biocombustibles. La colza, con una producción que crecerá un 11% este año hasta un récord de 95.5 millones de toneladas (desde los 86 millones de 2025), es el cultivo oleaginoso de mayor crecimiento global y compensa la reducción en la disponibilidad de girasol en los últimos años debido al conflicto en el Mar Negro. Esta oleaginosa invernal tuvo un fuerte impulso en Australia y también en Uruguay, que en la última zafra produjo unas 500.000 toneladas. Mientras que la producción de soja se incrementó un 18% en cinco años, la colza añadió 20 millones de toneladas y creció un 25%. Con un nuevo aumento a 35.76 millones de toneladas, un nivel récord de producción, las exportaciones de aceite de colza aumentarían un 9% respecto a 2025, hasta 7.92 millones de toneladas, según el USDA. La producción de girasol este año encuentra estímulos de precio y condiciones productivas para empezar a recuperarse de la baja de los últimos años. Para el aceite de girasol, la producción se ajustó al alza en marzo a 20.75 millones de toneladas y las exportaciones a 13.2 millones, con stocks que seguirán siendo reducidos.

El trigo ha seguido la trayectoria alcista de los precios de los granos. Después de dos años en niveles deprimidos, alcanzó los US$ 240 por tonelada en la posición diciembre 2026 de la Bolsa de Chicago, un aumento del 17% desde enero. La cebada, con referencias de precios habitualmente ligadas al trigo de diciembre, genera mayor interés que hace un mes, con precios que subieron a US$ 218 esta semana. Se esperan las condiciones comerciales de las malterías para la siembra, aunque la sombra del cierre por tres meses más de la planta de Ambev en Paysandú planea sobre el cultivo.

«En cereales hay que ver si los precios de los commodities se ajustan a la relación precio-insumos en el momento de la siembra», sostiene Villamil. Por ahora, si bien el precio del grano ha mejorado, no acompaña el fuerte encarecimiento de los fertilizantes, los combustibles y los costos logísticos. A corto plazo, es difícil prever dónde se estabilizarán. En cualquier caso, es un remezón para los principales granos, que no veían fundamentos agrícolas y de mercado para mover los precios, con una oferta que sigue siendo importante y existencias elevadas. «Eso cambió», afirmó el director de Hajnal & Cía.

El trigo enfrenta varios desafíos. Aunque el precio en Chicago está en ascenso, una cosecha muy abundante en la zafra pasada en Uruguay y Argentina mantiene estable el precio local en US$ 180 por tonelada, muy lejos de las referencias de la cebada, que regida por Chicago se va a US$ 220, y aún más lejos de las oleaginosas, que superan los US$ 500. Además, mientras estos cultivos pueden colocarse mucho antes de la cosecha, esa flexibilidad comercial no está disponible para el trigo, atado a la venta física.

Sobre la mesa de los productores se presenta un complejo «ajedrez» agrícola, donde la agronomía desaconseja la repetición de cultivos, limitando el crecimiento de las oleaginosas; en la cebada, el cierre de Ambev genera incertidumbre para el área al norte del Río Negro; y en el cultivo que tradicionalmente tiene más superficie, el trigo, los números actuales siembran un mar de dudas.

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