El presidente de Argentina, Javier Milei, ha comunicado una disminución de los impuestos a las exportaciones para el trigo, la cebada y la soja, durante un encuentro con empresarios del sector agropecuario en Buenos Aires el 23 de mayo de 2026. Esta medida, divulgada durante el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, busca aliviar la carga fiscal sobre productores y fortalecer la competitividad del sector, fundamental para la economía del país.
Específicamente, las retenciones para el trigo y la cebada se reducirán del 7,5% al 5,5% a partir de junio de 2026. En cuanto a la soja, el mandatario ultraliberal indicó que la baja comenzará en enero de 2027, con ajustes mensuales de entre un cuarto y medio punto porcentual hasta 2028. Sin embargo, este esquema estará condicionado a la evolución de la recaudación fiscal y a la continuidad de su gestión, haciendo alusión a una posible reelección en 2027.
La decisión se alinea con la visión económica de Milei de «achicar el Estado para que se agrande el mercado» y se suma a los anuncios de rebajas impositivas en otros sectores industriales como el automotriz, el petroquímico y el de maquinarias. Esta política de severos recortes del gasto público, implementada desde su llegada a la presidencia en diciembre de 2023, le ha permitido al gobierno obtener superávit en las cuentas públicas durante sus primeros dos años.
El sector agropecuario, que en 2025 constituyó más del 60% de las exportaciones argentinas según datos del INDEC, recibe este anuncio tras un «récord histórico» de 8.914 millones de dólares en exportaciones en abril, y un crecimiento del 5,5% interanual en la actividad económica en marzo.
Aunque la noticia fue recibida con ovaciones en un auditorio colmado, un análisis detallado, como el de Eugenio Palopoli, editor de El Observador Argentina, señala que las rebajas son escalonadas, parciales y, en el caso de la soja, dependen de condiciones fiscales que no pueden garantizarse a largo plazo.
Pese a estas salvedades, las gremiales del campo expresaron su optimismo. La Sociedad Rural Argentina (SRA) calificó la medida como una «señal positiva» para «recuperar competitividad, incentivar la inversión y promover un verdadero desarrollo». Por su parte, CONINAGRO consideró que «la baja de retenciones al trigo no es un costo fiscal, es una inversión de rápido recupero que impulsará la siembra». CARBAP, aunque valoró la reducción de la presión impositiva, instó a que el proceso tenga «mayor velocidad, previsibilidad y reglas claras a largo plazo».
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