En este año 2026, declarado como el «Año Internacional de los Pastizales y los Pastores» a nivel mundial, Uruguay se encuentra en una encrucijada crucial para su campo natural. Este valioso recurso, que cubre gran parte del territorio y no siempre es apreciado en su justa medida, constituye un pilar fundamental para el desarrollo del país, especialmente en el sector ganadero. La conmemoración global pone de relieve la importancia decisiva de este ecosistema para la carne uruguaya, cuyo porvenir se define ahora.
**¿Qué entendemos por campo natural?**
Para aquellos no familiarizados con el ambiente rural, el concepto de «campo natural» puede generar dudas. Se refiere a las extensiones de tierra donde el forraje crece de manera espontánea, sin intervención humana de siembra. Es un espacio que, a diferencia de las pasturas cultivadas, ha evolucionado a lo largo de millones de años, ofreciendo una fuente de alimento autóctona para el ganado.
El reconocimiento internacional de 2026 es significativo por múltiples motivos. La humanidad está experimentando una pérdida acelerada de diversidad genética y ecosistemas silvestres. En este contexto, los pastizales naturales representan una oportunidad vital para producir proteínas de alta calidad en armonía con la vida silvestre.
**El «terroir» distintivo de la carne uruguaya**
Mientras que la producción de carne industrial, con sistemas intensivos, puede ser eficiente y rentable, a menudo carece de un elemento esencial: el «terroir». Este término, prestado del mundo del vino, describe el sabor y las características únicas de un alimento derivadas de la interacción entre la geología, el clima, la biodiversidad, el paisaje, la evolución biológica, las prácticas humanas y la historia cultural de una región. Un chef lo explicó claramente: el campo natural es insustituible para conferir esa diferenciación a la carne de Uruguay.
Revalorizar la carne uruguaya es un objetivo evidente para el país. Es particularmente relevante en un momento en que los precios de exportación han alcanzado cifras históricas, superando los 6.000 dólares por tonelada en los últimos 30 días, tras dos años de crecimiento ininterrumpido. Uruguay ya no exporta una mercancía genérica, sino una especialidad. Desde el punto de vista de la distinción, el campo natural es lo que hace que la carne uruguaya sea verdaderamente única respecto a la mayoría de las demás ofertas en el mercado global.
Los sistemas ganaderos más intensivos de otros países rara vez crían terneros en pastizales naturales, optando por pasturas sembradas. En contraste, el ganado uruguayo se beneficia de una dieta excepcionalmente variada: se cría en campo natural, se recría en una combinación de campo natural y pasturas sembradas, y se finaliza con pasturas sembradas y grano. Si logramos comunicar eficazmente el perfil gustativo singular que proviene de una alimentación basada en cientos de especies vegetales, habremos logrado una ventaja competitiva difícil de emular. Nuestro modelo de negocio aspira a posicionar la carne como un producto de alta gama, similar a los vinos finos, para obtener el mayor diferencial de precio posible.
Además, este enfoque está intrínsecamente ligado al bienestar animal, otro factor de creciente importancia. En un contexto global de conflictos y altos costos, el sistema basado en el campo natural ofrece una ventaja crucial: al depender de la energía solar, es menos susceptible a las fluctuaciones de precios del gasoil y los fertilizantes que otros métodos productivos. Así, con costos operativos reducidos, se genera un producto de elevado valor. La cría en campo natural atraviesa un período excepcional, con una fuerte demanda de terneros, y los precios récord de exportación se reflejan en el valor del novillo (superando por primera vez los 2.000 USD en el cálculo del novillo tipo de INAC) y en una zafra récord de terneros, con valores cercanos a los 800 USD por animal. Son cifras sin precedentes en un sector donde existe una fuerte correlación entre el precio de exportación y el del ternero.
El campo natural es esencial para mantener estos precios históricos y para seguir incrementándolos, a través de la narrativa que respalda el producto. Para cualquier observador sensible, la coexistencia de un sistema económico con la abundante vida silvestre es fascinante. Los productores que gestionan el campo natural encuentran un valioso aliado en los amantes de la fauna, en particular de las aves. La destrucción de un pastizal natural no solo elimina la vegetación, sino que provoca la desaparición de numerosas especies, incluyendo aves amenazadas que dependen exclusivamente de estos entornos para anidar.
**El campo natural: un valor intangible y vulnerable**
El campo natural de Uruguay representa un capital intangible que, como tal, está en riesgo de retroceso. A diferencia de las pasturas sembradas, ofrece la ventaja conceptual de permitir una mejora continua. Ajustes en el manejo de cargas animales o la incorporación de semillas en cobertura son algunas de las muchas acciones que posibilitan a los productores alcanzar una meta factible: la optimización constante de un ecosistema que existe desde hace incontables milenios.
A menudo, nos referimos al campo natural como algo con «miles de años», desestimando su verdadera antigüedad, que se mide en millones de años. Como detalla el libro «Hace solo 10.000 años», estos pastizales albergaban una megafauna asombrosa, incluyendo mulitas y armadillos gigantes, perezosos de enorme tamaño (lestodon), gliptodontes con colas mortales, mastodontes y los temibles tigres dientes de sable. En aquella era, ya existían caballos nativos en América, que se extinguieron para luego ser reintroducidos desde Europa. Aunque pueda parecer un detalle sentimental, explica la robustez de las espinas en árboles como el tala y la coronilla, que evolucionaron para defenderse de los grandes herbívoros que, con su pastoreo, moldearon los pastizales que conocemos hoy.
Este ecosistema ha sido fundamental para la propia existencia del Homo sapiens. Hace aproximadamente 8 millones de años, algunos de nuestros ancestros descendieron de los árboles para adaptarse a la vida en los pastizales. Cerca de esa misma época, una mutación clave dio origen a las gramíneas C4, una innovación fotosintética crucial que consolidó los pastizales en un mundo que se enfriaba, a expensas de los bosques. Es el ecosistema donde se forjó la identidad cultural local a lo largo de milenios, desde los pueblos originarios hasta los gauchos, los inmigrantes y la producción actual, aportando innumerables aspectos culturales sin los cuales Uruguay no sería lo que es.
Por definición, después de millones de años de enfrentar innumerables sequías e inundaciones, el campo natural es el ecosistema mejor adaptado a los vaivenes climáticos. Por estas y muchas otras razones, constituye uno de los elementos más importantes en la estrategia de diferenciación de Uruguay. Se suma a la protección legal del monte nativo, una relevante área forestada, los planes de uso y manejo de suelos, la producción de lana, la ventaja en bienestar animal, la ausencia de deforestación, la trazabilidad, la matriz energética y la creciente agricultura para sustitución de petróleo. Todos estos componentes sinérgicos nutren el prestigio del país y benefician a todo producto exportable, pero de manera particular a la carne y la lana. Las condiciones altamente favorables del mercado internacional de la carne son el motor principal que impulsa los precios de exportación de carne vacuna y ovina a récords sucesivos. Sin embargo, la persistencia y la magnitud de esos precios dependen de un esfuerzo de posicionamiento en el que el campo natural desempeña un papel central.
**Sistemas modernos y beneficios integrales**
Un establecimiento basado en campo natural no tiene por qué prescindir de praderas mejoradas, verdeos, cultivos o el uso de grano. La lógica de criar en campo natural, recriar con mejoramientos forrajeros y finalizar a grano, combina el sabor distintivo con la terneza, la protección de la biodiversidad con la minimización de emisiones de metano, y todo garantizado como libre de deforestación. En estos sistemas, además de optimizar la rentabilidad, se mejoran otras variables. Esto incluye la incorporación más rápida de nutrientes de la bosta al suelo gracias a la acción de escarabajos, lombrices, hongos y otros organismos; el control biológico de la garrapata mediante el manejo del pastoreo y nuevas herramientas; y, por supuesto, el placer estético de recorrer a caballo un paisaje de gran diversidad.
Aunque el campo natural, por su bajo uso de insumos, pueda carecer de muchos «sponsors», esto no significa que no involucre tecnología. Desde el diseño de los métodos de pastoreo y la distribución del agua hasta el manejo veterinario, donde residen quizás los mayores desafíos actuales. La economía tradicional tiene dificultades para cuantificar el valor de un humedal vibrante frente a uno silencioso, o de cabalgar observando solo el campo, o el asombro de un niño al ver un lagarto o un zorrillo. Pero si logramos que la carne uruguaya se posicione como la «etiqueta azul» entre las carnes, y que su precio de exportación siga subiendo o se mantenga por largo tiempo, el valor de los terneros y la calidad de vida rural en miles de predios podrían alcanzar niveles impensables, todo gracias al aporte gratuito de la energía solar al campo natural. Si este siempre fue un rumbo lógico para Uruguay, ahora lo es más que nunca, ya que el libre comercio con la Unión Europea (UE) nos presenta una oportunidad dorada: la UE demanda precisamente lo que Uruguay, con su sistema, ya ofrece de forma única.
**Reconocimiento global y amenazas persistentes**
Ningún otro país en Oceanía o el Mercosur posee una proporción de campo natural ni remotamente cercana a la de Uruguay. Por esta razón, la FAO ha declarado este año como el Internacional de los Pastizales y los Pastores, otorgando a Uruguay y Mongolia un rol protagónico en la organización mundial. Ambos países son los más relevantes en la cultura del pastizal a nivel global, y en el caso de Uruguay, es una demostración de cómo el pastizal puede impulsar el desarrollo económico, humano y planetario. Sin embargo, el campo natural enfrenta diversas amenazas, tanto económicas como ecológicas.
Solo los altos precios de terneros, corderos y lana pueden contrarrestar las presiones económicas. Las amenazas ecológicas son más complejas de abordar. Especies invasoras como el capim annoni y la garrapata se extienden de norte a sur. También proliferan ciervos invasores que causan graves daños, pero su carisma dificulta políticamente su control. Además, no existen «zonas francas» que incentiven los productos del campo natural. El carbono que este ecosistema retiene de forma admirable no es premiado adecuadamente en los esquemas de protección actuales, que se aplican mayormente a campos degradados. Este mismo carbono, en forma de materia orgánica, se convierte en una fuerte tentación para la intervención agrícola, con la promesa de una facturación a corto plazo, pero al costo de destruir un tapiz natural de millones de años, perder biodiversidad y, probablemente, también carbono. La rentabilidad inmediata, a veces, prevalece.
**Aprendizajes desde el terreno: La Navidad y La Gringa**
Bajo la premisa de que no se ama lo que no se conoce y no se defiende lo que no se ama, los ganaderos del pastizal organizaron una segunda visita predial esta semana. Las dos visitas realizadas hasta la fecha, a los establecimientos La Navidad (en Salto) y La Gringa (en Artigas), han sido enriquecedoras tanto en lo agronómico como en lo humano. En La Navidad, por ejemplo, se constató la sorprendente diversidad de más de 50 especies vegetales por metro cuadrado y la recuperación de la población de venados de campo. En La Gringa, se observó cómo una productora ha superado la peor sequía reciente en Artigas (2023) y ha mantenido tasas de preñez superiores al 90% en su rodeo durante dos años consecutivos. Esto refuerza la idea de que, para recuperarse de una sequía, nada es tan eficaz como el campo natural, sinónimo de adaptación, resiliencia, sustentabilidad y biodiversidad. Cualidades que serán cada vez más demandadas. Se trata de producir a bajo costo, agregando cada vez más valor, una ecuación tan sencilla como efectiva. El «terroir» de nuestra ganadería es, sin duda, una llave de oro para un Uruguay próspero y desarrollado. Solo es cuestión de reconocerlo.
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