TÍTULO: El Girasol Brilla de Nuevo: La Revancha en los Campos de Verano
CUERPO:
El girasol se consolida como el cultivo estrella de la temporada de verano, marcando su regreso triunfal con la mayor superficie sembrada en 16 años y precios robustos que prometen los mejores márgenes económicos para los agricultores. Así lo reflejan los datos al 9 de marzo de 2026.
La campaña de girasol 2025/26, cuya cosecha se inició oficialmente en Young, organizada por Copagran y con la presencia del presidente Yamandú Orsi y numerosos productores, se perfila como un hito. Esta oleaginosa ha duplicado su superficie respecto al año anterior, posicionándose como el cultivo de secano de verano con los resultados más prometedores.
El entusiasmo es palpable: la mayoría de los productores que ya apostaron por el girasol planean expandir su superficie, mientras que otros, por primera vez, consideran incorporarlo en la próxima siembra de primavera. Este renovado interés coincide con una escalada en los precios del petróleo y, consecuentemente, de los aceites vegetales, sugiriendo un cambio estructural en el mercado que atrae miradas hacia el cultivo que inspiró a Van Gogh.
**Girasol vs. Soja: Misma Inversión, Mayor Rentabilidad**
En términos económicos, el girasol demuestra una clara superioridad. Con un costo de producción comparable al de la soja (alrededor de US$ 650 por hectárea), sus márgenes de ganancia son significativamente mayores. Se estima que 1.800 kilos de girasol –el rendimiento promedio esperado– generan ingresos equivalentes a 2.600 kilos de soja. Este último es un objetivo difícil de lograr en la campaña actual, donde la escasez de lluvias ha limitado el potencial de la soja a unos 1.500 kilos por hectárea en regiones como Young.
La clave reside en el alto contenido oleaginoso del girasol, que puede superar el 50%, en contraste con el 18-22% de la soja, un grano mayormente proteico. Esta diferencia se traduce en precios notablemente más altos, alcanzando hasta US$ 600 por tonelada de girasol con alto contenido de aceite, frente a los US$ 390 que perciben los productores de soja. El menor rendimiento de equilibrio y la notable tolerancia a la sequía, una ventaja crucial este año, consolidan la rentabilidad del girasol.
**Un Cultivo en Expansión y con Mejoras**
Las cifras de siembra reflejan este auge: Copagran estima unas 25 mil hectáreas para esta temporada –más de la mitad gestionadas por sus miembros–, un salto significativo desde las 11.500 hectáreas del ciclo anterior, marcando la mayor superficie desde la campaña 2008/09. A fines del siglo XX y principios del actual, el girasol era un cultivo predominante, superando las 100 mil hectáreas. Sin embargo, su presencia disminuyó drásticamente en este siglo debido a la vulnerabilidad frente a enfermedades como Phomosis y esclerotinia, y el daño causado por aves, especialmente palomas, que consumían el grano antes de la cosecha. La expansión de la soja, con sus propias ventajas, relegó al girasol a un nicho muy pequeño.
No obstante, la genética ha obrado cambios: las modificaciones morfológicas en la planta, sobre todo en la estructura del capítulo (la cabeza de la flor), dificultan el ataque de las aves, mejoran la sanidad y elevan el contenido de aceite, reavivando el atractivo de este cultivo. Con un cuarto de la cosecha ya recolectada, los rendimientos se sitúan entre 1.800 y 1.900 kilos por hectárea, con mínimos de 1.500 kg/ha. Alejandro Nopitsch, gerente comercial de Copagran Soriano, destacó que los resultados son “muy buenos a pesar de la sequía, generando márgenes interesantes gracias a las bonificaciones por aceite”. El precio base de la semilla de girasol, cercano a los US$ 460 por tonelada, se incrementa entre un 22% y 24% por bonificaciones de contenido de aceite, elevando el valor final a un rango de US$ 550 a US$ 600 por tonelada. Esto implica que un rendimiento promedio de 1.800 kilos puede generar un margen de US$ 500 por hectárea (antes de la renta), considerando un rendimiento de equilibrio poco superior a los 1.000 kilos para cubrir costos y flete. En contraste, la soja, con un precio estabilizado en US$ 390 por tonelada, requiere un rendimiento de equilibrio de 1.700 kilos por hectárea, una meta desafiante ante la sequía actual, que ha mermado significativamente la productividad respecto a los más de 3.100 kilos por hectárea de la campaña anterior.
**Rol Estratégico y Reducción de Riesgos**
Alejandro Solsona, secretario de Copagran, relató en Radio Rural cómo este cultivo en consolidación inició su resurgimiento en 2017/18 con apenas 100 hectáreas. Subrayó la ausencia de problemas sanitarios significativos hasta la fecha, el aumento del potencial de rendimiento y un contenido de aceite que ronda el 53% y 54%. Las pérdidas por el ataque de aves, aunque presentes, se han reducido gracias al desarrollo genético de capítulos inclinados y a la mayor superficie sembrada que las diluye.
Las ventajas inherentes al girasol abarcan la optimización del uso de maquinaria en períodos de baja actividad (siembra en septiembre, cosecha entre febrero y marzo), la estabilidad en los rendimientos, la diversificación de riesgos y una menor dependencia de agroquímicos. Adicionalmente, prepara el suelo de manera óptima para el cultivo subsiguiente. Los rendimientos de esta «nueva era» iniciada en 2018 han superado consistentemente los 1.700 kilos por hectárea en cinco de siete campañas, una marca nunca alcanzada en el período 2000-2010, donde el promedio oscilaba entre 1.100 y 1.200 kg/ha. Un productor debutante en el cultivo de 45 hectáreas lo calificó como una «excelente» herramienta para diversificar riesgos y usos del suelo, aunque señaló la necesidad de seguir abordando las enfermedades y la importancia de aplicar desecante y cosechar a tiempo para minimizar el daño de las aves.
La Asociación Argentina de Girasol (Asagir) valida este resurgimiento, atribuyéndole un reposicionamiento estructural impulsado por su fiabilidad productiva, menor demanda hídrica comparada con otras oleaginosas y una renovada rentabilidad para el productor. Destacan su valor estratégico, especialmente en zonas de alta variabilidad climática, por su robustez y tolerancia al estrés hídrico, asegurando resultados donde otros cultivos conllevan mayor riesgo. Además, ofrece ventajas agronómicas como la interrupción de ciclos de malezas y patógenos, y la mejora de la estructura del suelo. En Argentina, el girasol ha mantenido su relevancia y exhibe un crecimiento vigoroso, con una cosecha récord estimada entre 6.2 y 7.2 millones de toneladas sobre 3.1 millones de hectáreas, superando ampliamente las proyecciones de exportación de semilla.
En Uruguay, la producción actual se destina íntegramente al consumo local a través del molino aceitero Cousa. Para la campaña 2026/27, se prevé una nueva expansión del área de siembra. El desafío futuro para gestionar este volumen creciente de producción será la exportación, una meta que, según Copagran, requerirá un plan comercial específico. Aunque varias empresas exploran nichos de exportación y ya se han realizado algunas ventas, Juan Manuel García, presidente de la cooperativa, enfatiza que “la demanda mundial por aceite es sostenida” y que “cuanto más superficie haya, más se defiende la producción”.
**La Geopolítica y los Precios de los Aceites**
Los precios del aceite de girasol ya mostraban una tendencia al alza, influenciados por la escalada del conflicto entre Ucrania y Rusia, que interrumpe los envíos desde la región del Mar Negro, y por las condiciones climáticas adversas que mermaron la producción. Los recientes ataques en Irán, que desataron la guerra en Medio Oriente, solidificaron aún más los valores, especialmente en Argentina –un referente para el mercado local– debido a las interrupciones en las rutas marítimas que complican el comercio de granos entre el Mar Negro y Asia.
A esto se suma el significativo aumento del 35% en el precio del petróleo en menos de un mes, lo que impulsa las cotizaciones de aceites y granos oleaginosos, particularmente girasol y colza, en sintonía con la creciente demanda de biocombustibles. El aceite de soja, por ejemplo, ha experimentado un alza del 35% en lo que va de 2026, pasando de US$ 1.075 a US$ 1.448 por tonelada en la Bolsa de Chicago. Si bien este incremento no iguala el pico de 2022 tras la invasión rusa a Ucrania, evoca el fuerte impacto inicial del conflicto en el Mar Negro. La volatilidad geopolítica dificulta las proyecciones a largo plazo, y los mercados de granos han sido inestables la última semana, pero la demanda de aceites se mantiene firme. En un panorama incierto para el suministro de petróleo, los granos aceiteros ofrecen una alternativa más estable y previsible, además de sus inherentes ventajas ambientales frente a los combustibles fósiles.
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