Estados Unidos enfrenta una crisis por la reaparición de la mosca de la bichera y sus implicaciones para Uruguay y el Mercosur

El 15 de junio de 2026, una grave amenaza zoosanitaria ha sorprendido a Estados Unidos: la mosca de la bichera ha vuelto a su territorio. Aunque su llegada era previsible, la magnitud del desafío ha encontrado al país aparentemente desprevenido. Expertos anticipan que este problema, que irrumpe con la temporada de verano en pleno apogeo, no tendrá una solución rápida, prometiendo múltiples repercusiones.

Esta semana, Estados Unidos ha confirmado la presencia de al menos cinco brotes del gusano de la mosca de la bichera, un evento no registrado en el país en sesenta años. Este acontecimiento representa un revés significativo para una industria ganadera ya debilitada por la menor disponibilidad de ganado en décadas, cuya verdadera escala de impacto aún no puede determinarse completamente. Este escenario, además, podría convertirse en un elemento clave para el sostenimiento de los precios internacionales actuales de la carne.

Conocido como el gusano barrenador del Nuevo Mundo, este parásito es capaz de infestar a cualquier ser vivo de sangre caliente, abarcando desde ganado y mascotas hasta la fauna silvestre, e incluso, en circunstancias excepcionales, a seres humanos. Sus larvas invaden los tejidos vivos de los animales, provocando lesiones severas, un considerable sufrimiento y cuantiosas pérdidas económicas. En Uruguay, esta plaga es una constante preocupación para la producción de vacunos y ovinos, generando costos anuales estimados entre 40 y 52 millones de dólares.

Paradójicamente, la estrategia de contención continental, que incluía un plan de erradicación por control biológico, se vio comprometida cuando la barrera sanitaria establecida en Panamá a finales del siglo XX colapsó en 2022. Desde entonces, la mosca ha progresado ininterrumpidamente hacia el norte, sugiriendo que Estados Unidos se había estado preparando para su inminente arribo a medida que la plaga se extendía por México. Las estimaciones de los expertos son alarmantes: un brote generalizado en EE. UU. podría acarrear daños económicos de hasta 1.800 millones de dólares y causar estragos en la vida silvestre. Si bien las detecciones iniciales se han limitado a Texas y Nuevo México, se anticipa que la plaga continuará su avance de sur a norte, replicando el patrón observado en Centroamérica durante los cuatro años transcurridos desde su primer avistamiento en Panamá.

Dudley Hoskins, subsecretario del Departamento de Agricultura (USDA) para programas de comercialización y regulación, señaló que «esta situación está en constante cambio y prevemos nueva información a medida que nuestra investigación avance». Por su parte, la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, comunicó en una rueda de prensa en Kerrville, Texas, que el USDA está próximo a revelar los primeros beneficiarios de un fondo de 100 millones de dólares, destinado a financiar tecnologías para combatir el gusano barrenador, el cual fue anunciado el año anterior.

Las repercusiones económicas de esta plaga son multifacéticas. A pesar de que no representa un peligro para la salud humana y que las exportaciones de ganado en pie desde Texas hacia Canadá no son un volumen considerable, la confirmación del segundo caso del gusano barrenador ha llevado a Canadá a prohibir la importación de ganado tejano. México, por su parte, también ha clausurado su frontera a las importaciones de ganado proveniente de Estados Unidos. Esta decisión mexicana, que busca salvaguardar su propio ganado en estados del norte como Baja California, Baja California Sur, Chihuahua y Sinaloa (actualmente libres de casos confirmados), se toma en un contexto donde el país vecino ha documentado más de 28.200 casos de la enfermedad desde noviembre de 2024.

**¿Oportunidad para Uruguay y el Mercosur?**
La pregunta clave es por qué esta situación reviste tal importancia para Uruguay y el resto del Mercosur. La respuesta radica en que la escasez persistente en el mercado estadounidense ha sido un impulsor fundamental de los precios de la carne, y esta tendencia se perfila para extenderse. El ganado mexicano, que previamente abastecía los corrales del sur de Estados Unidos, permanecerá bloqueado, mientras que los esfuerzos de los productores estadounidenses por incrementar su producción de terneros se verán aún más complicados. Ante un stock ganadero en su punto más bajo en 75 años y un precio de la carne en niveles récord, enmarcado en una inflación superior al 4% (cifra inusual para EE. UU.), se prolonga una ventana de oportunidad para colocar carne a precios ventajosos en un mercado que, hasta ahora, ha mostrado resistencia a la escalada de precios al consumidor. Este escenario tiene un impacto directo y positivo para Uruguay y sus socios del Mercosur.

Es probable que la carne continúe siendo un factor preponderante en el incremento inflacionario. En abril, el precio minorista de la carne vacuna alcanzó un máximo histórico de 9,64 dólares por libra (aproximadamente 20 dólares por kilogramo), lo que representa un aumento del 13% en comparación con el año anterior, según datos del USDA. A nivel global, el consumo interno ha experimentado una reducción en la mayoría de los mercados principales, con la notable excepción de Estados Unidos e India. La prolongación de las restricciones a la entrada de ganado mexicano exacerbará la ya marcada escasez de materia prima para la industria frigorífica estadounidense.

En contraste, la industria frigorífica mexicana se beneficia de esta coyuntura. Anteriormente enfrentaba desafíos similares a los de Estados Unidos en cuanto a la falta de materia prima. La recuperación de la producción ganadera estadounidense se verá, sin duda, más demorada, y los engordes enfrentarán dificultades para asegurar el suministro de animales. Es importante recordar que las exportaciones de ganado en pie de México son aproximadamente cinco veces superiores a las de Uruguay, con entre 1.5 y 1.6 millones de animales que cruzaban la frontera anualmente. Esta dinámica se interrumpió el año anterior con la aparición de la mosca en México, pero, como se evidencia, aquella precaución no fue suficiente para evitar su avance.

Las proyecciones de producción en Estados Unidos continúan su tendencia descendente. El informe mensual de mayo del USDA revisó a la baja en un 0,8% la estimación para la producción de carne de este año, y se anticipa que las exportaciones estadounidenses disminuirán más de un 8% en comparación con 2025. La previsión para la producción de carne vacuna se ajusta a la baja con cada nueva estimación, acumulando una caída del 9% en los últimos cuatro años. Esto genera un efecto dominó: reducción de exportaciones e incremento de importaciones. Un país que tradicionalmente importaba carne de bajo costo para hamburguesas y exportaba cortes de alto valor en volúmenes equivalentes, ahora se encuentra en una situación de déficit récord. Actualmente, Estados Unidos posee el rodeo más reducido en décadas, especialmente en lo que respecta a vacas de cría. La oferta de terneros nacionales ha alcanzado mínimos históricos, mientras que la de terneros importados ha sido cancelada, imponiendo a los productores un costo adicional para contener una propagación que podría tener enormes consecuencias.

Ante este escenario, Estados Unidos ha incrementado el cupo de carne argentina exenta de aranceles, aunque la oferta ganadera de Argentina es, por el momento, muy restringida; una situación similar, en diferentes grados, se observa en Uruguay y Brasil. Los ganaderos estadounidenses se enfrentan a múltiples desafíos: el elevado costo del capital debido al aumento de las tasas de interés, una sequía generalizada que afecta gran parte del oeste del país, incluyendo Texas, y la interrupción de su histórica cadena de suministro con México. Tom Johnston, editor jefe de la revista especializada Meatingplace, comentó a CNN que «esto solo extenderá el período necesario para la recuperación de la industria ganadera».

**Un Historial de Erradicación y Resurgimiento**
La mosca de la bichera ha representado una plaga persistente para los ganaderos estadounidenses desde los años 30. No obstante, en la década de 1950, un avance científico permitió a los investigadores desarrollar una técnica para esterilizar las moscas, interrumpiendo su ciclo reproductivo y erradicando las poblaciones locales de hembras fértiles. Este método fue fundamental en la campaña binacional de erradicación del gusano barrenador en Estados Unidos y México, llevada a cabo entre 1972 y 1991. La iniciativa se inició en Florida (1957-1960), donde se generaban 50 millones de moscas estériles semanalmente, logrando la erradicación con una inversión de 11 millones de dólares y previniendo pérdidas anuales de 20 millones. La campaña se expandió por todo el país, y en 1972 se estableció la Comisión México-Estados Unidos, con el objetivo de eliminar la plaga en México, lo que incluyó la construcción de una planta en Chiapas capaz de producir 500 millones de moscas estériles a la semana. Hacia 1987, la plaga estaba controlada en gran parte de México, y el programa se extendió por Centroamérica entre 1988 y 1991, culminando en Panamá en 2001, donde aún opera la única instalación de producción de moscas estériles.

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