**Uruguay: El Niño se acerca, un balance de riesgos y oportunidades para el sector agropecuario**

A escasos dos meses del anticipado arribo del fenómeno de El Niño, el sector agrícola de Uruguay se prepara para un escenario dual de potenciales beneficios y riesgos. Con las proyecciones indicando un evento de magnitud considerable, incluso el más significativo desde el siglo XIX, las alertas se han activado en todo el rubro agropecuario. Desde inicios de año, las advertencias se han intensificado, señalando la inminencia de un El Niño potencialmente histórico. La constante elevación de las temperaturas superficiales en las regiones cruciales del Pacífico es un indicador clave de esta preocupación creciente para el agro uruguayo.

La acumulación de calor en el Pacífico, en un contexto global de temperaturas elevadas, genera profunda inquietud entre los expertos. Recientes informes, incluyendo los de servicios meteorológicos de Estados Unidos, destacan un calentamiento oceánico sin precedentes en décadas. Sumado a esto, Metsul anticipa la primera fase de El Niño en Uruguay con tormentas calificadas de «torrenciales y destructivas», y modelos climáticos proyectan un evento de magnitud histórica. Esta situación se enmarca en una serie de fenómenos extremos recientes: olas de calor devastadoras en Europa, junios récord en diversas naciones y severas inundaciones en el sur de China. Aunque el cambio climático pueda haber perdido protagonismo en la agenda global, la persistencia de estas tendencias térmicas subraya la urgencia de no subestimar los riesgos, pero también de capitalizar las oportunidades, como el ‘riego natural’ que podría traer El Niño. Los océanos del mundo registran temperaturas récord; el 21 de junio, Copernicus (UE) reportó un promedio de 20,86 °C en la superficie global, un hito desde la era satelital, y estas cifras continúan en ascenso. Mientras tanto, Estados Unidos experimentó una «cúpula de calor» histórica, afectando a más de 185 millones de personas. No obstante, para Uruguay, la evolución clave radica en el comportamiento de la temperatura del Pacífico en las próximas semanas. Se prevé que la anomalía térmica supere los dos grados, un umbral ya crítico, y una superación de los cuatro grados implicaría una inestabilidad sin precedentes. La duración del calentamiento es tan crucial como su intensidad, como lo demostró el Niño de 2015, que en abril de 2016 provocó lluvias continuas en Uruguay, dañando cultivos e inundando vastas zonas del este. La incógnita sobre la velocidad de su declive y los eventos posteriores añade complejidad al pronóstico.

**Qué esperar para Uruguay**

Las proyecciones históricas sugieren la posibilidad de fenómenos climáticos severos durante el segundo semestre del año en curso, extendiéndose potencialmente hasta la primera mitad de 2027. En Uruguay, El Niño tradicionalmente se asocia con un incremento en las precipitaciones durante la primavera y, eventualmente, el verano y otoño. Se espera una mayor incidencia de lluvias en las zonas limítrofes con Brasil, en el Norte y Este del país, con un efecto menos marcado hacia el suroeste. El impacto en la producción agropecuaria uruguaya estará fuertemente ligado al momento de las lluvias; cuanto más tardías sean las precipitaciones intensas, menor será el perjuicio. Para los cultivos de invierno, recién sembrados, el desafío es cosechar antes de la llegada de las lluvias torrenciales, siendo crucial evitar excesos hídricos en octubre para trigo y cebada. Cada semana sin lluvias abundantes en primavera se considera una ventaja, y si las mayores precipitaciones se postergan a diciembre, el daño será significativamente menor. El arroz también enfrenta riesgos, ya que su éxito depende de completar la siembra en octubre; cualquier retraso reduce el rendimiento. Lluvias tempranas y persistentes incluso podrían dificultar la siembra de cultivos de verano. Los pronósticos actuales operan con marcos trimestrales, identificando el período de setiembre a noviembre como el de mayor riesgo, sin ofrecer aún precisiones mensuales que permitan discernir si las lluvias intensas arribarán al inicio o al final de este trimestre crítico. Mientras el exceso de agua es perjudicial para los cultivos de invierno, para el maíz representa una oportunidad. Salvo que las lluvias sean tan tempranas y copiosas que impidan la siembra, una vez establecido, el cultivo de maíz se beneficiaría de El Niño, siempre que los suelos no se saturen. Se anticipa una superficie récord de siembra de maíz, buscando aprovechar este ‘riego natural’. Aunque años de Niño moderado han propiciado excelentes cosechas de maíz y soja, la magnitud proyectada para este evento eleva el riesgo de excesos, como lluvias torrenciales concentradas en cortos períodos.

**Movimientos en los precios**

El fenómeno de El Niño no solo influirá en la producción local, sino que también repercutirá en los mercados internacionales. En el caso del arroz, además de las dificultades para una siembra oportuna, El Niño puede reducir el rendimiento por menor luminosidad en primavera y verano, afectando la fotosíntesis y la formación del grano. Sin embargo, la grave sequía que amenaza los cultivos en Asia podría elevar significativamente el precio global del arroz, compensando o incluso superando la merma productiva local. Similarmente, el trigo ve un soporte en sus precios debido a la reducción de su área de siembra en Uruguay, Brasil y Australia, reflejando la percepción de riesgo de los agricultores ante estas condiciones. Rusia, un importante exportador, ya ha implementado un impuesto a la exportación de trigo anticipando alzas de precios. Las recientes olas de calor ya impactaron los precios en junio, y esta semana la preocupación se extendió a Estados Unidos, donde un calor extremo en zonas agrícolas podría dañar seriamente cultivos como maíz y soja, que actualmente gozan de un desarrollo favorable. Adicionalmente, la extensa sequía que abarca desde Australia hasta partes de China, Indonesia y Malasia, podría disparar los precios de los aceites vegetales, en particular el aceite de palma, ante una esperada caída en su oferta.

**El ganado frente al Niño**

Mientras que la agricultura se enfrenta a un periodo de considerable incertidumbre, el sector ganadero de carne, en general, vislumbra un panorama favorable con la llegada de El Niño. Excluyendo las áreas propensas a inundaciones como la cuenca del Cebollatí, las precipitaciones abundantes se traducen en una mayor disponibilidad de pasturas naturales. Un verano lluvioso promueve una elevada producción de terneros a costos reducidos. Se anticipa una excelente zafra de toros y un entore estival que resultará en una profusa camada de terneros que llegarán al mercado en 2028, prometiendo una buena oferta de ganado para faena en 2030 y 2031. La combinación de ganado vacuno y campo natural se adapta particularmente bien a primaveras y veranos húmedos. Sin embargo, la situación para los tambos es más compleja, donde el barro representa un inconveniente mayor; aunque, si las lluvias son inevitables, es preferible que ocurran en verano que en invierno. Al igual que en la agricultura, un retraso en el exceso de lluvias sería beneficioso. En contraste, los ovinos, que genéticamente provienen de zonas áridas, sufren con la humedad excesiva, siendo susceptibles a enfermedades podales por hongos y a la proliferación de parásitos, de manera similar a cómo el barro afecta al ganado lechero. Asimismo, las tormentas primaverales son una amenaza seria para la parición ovina. Para los vacunos, la exuberancia forrajera en la región norte podría complicar el control de la garrapata, si bien un invierno riguroso con heladas podría mitigar este problema. Los desafíos sanitarios no se limitan a la ganadería; los cultivos de verano también enfrentan un mayor riesgo, desde la incidencia de la chicharrita en el maíz hasta la probabilidad de hongos en la soja, que además deberá sortear posibles lluvias excesivas durante la cosecha otoñal. El Niño de 2016 es un precedente, con una cosecha de soja extremadamente dificultosa debido a las lluvias ininterrumpidas de abril.

**Más allá del agro**

Las ramificaciones de El Niño se extenderán más allá del ámbito agropecuario. Es previsible que se registren evacuaciones significativas en las cuencas de los ríos Uruguay, Negro, Cebollatí y Santa Lucía, por lo que se recomienda alertar a las comunidades en zonas inundables sobre los riesgos inminentes durante los próximos seis meses. Las copiosas lluvias que suelen afectar el sur de Brasil, como las que impactaron a Porto Alegre previamente, drenan en gran medida a través del río Uruguay. La combinación de agua y elevadas temperaturas favorecerá la proliferación de mosquitos, incrementando la posibilidad de brotes de dengue y enfermedades similares, con avance desde el Norte. Curiosamente, la influencia de El Niño podría atenuarse en enero, un mes en el que podrían registrarse temperaturas excepcionalmente altas con escasez de lluvias. Así, mientras la primavera y el otoño conllevan riesgos de precipitaciones excesivas, el corazón del verano podría experimentar episodios de sequía y calor intenso, ecos de los recientes eventos en Europa y Estados Unidos, lo que podría generar incredulidad en la población. La señal de El Niño se intensificará nuevamente hacia el final del verano, con un resurgimiento de altos riesgos de inundaciones en otoño. El antecedente de 2015/16, con lluvias persistentes en abril de 2016 que complicaron gravemente la cosecha y aislaron a Lascano, es una advertencia de lo que podría suceder en el otoño de 2027. Las ciudades también sufrirán los impactos, con lluvias intensas en períodos cortos que colapsan los sistemas de desagüe y provocan inundaciones urbanas. Aunque hasta el momento solo se han observado los indicios iniciales del fenómeno lejos de Uruguay, la segunda quincena de julio podría marcar el inicio de una nueva fase, donde la vigilancia y la preparación serán cruciales dada la magnitud que ha alcanzado este evento.

**Proporciones inéditas**

Conforme se aproxima la fase crítica, las alertas sobre la magnitud de El Niño se multiplican, generando una creciente inquietud. Expertos como el matemático Eliot Jacobson, de «El casino del clima», sugieren que en las próximas semanas el fenómeno podría exceder las cuatro desviaciones estándar, un indicador de un evento estadísticamente extremo. Diversos estudios, que él cita, advierten que esta intensidad forma parte de una tendencia global hacia eventos de El Niño y La Niña más severos, con inundaciones y sequías exacerbadas, una pauta que se espera persista. Jacobson describe lo que se vivirá en los próximos 12 meses como un preámbulo de lo que está por venir. Desde una perspectiva oficial, los servicios meteorológicos de Estados Unidos informaron el 9 de julio que, más allá de las predicciones de los modelos, la fuerte interacción entre la atmósfera y el océano en el Pacífico aumenta considerablemente la probabilidad de que El Niño se extienda hasta principios de 2027. Existe un 81% de certeza de un Niño «muy intenso» entre octubre y diciembre, lo que lo posicionaría entre los más grandes registrados desde 1950. Asimismo, hay un 97% de probabilidad de que el fenómeno se mantenga y se intensifique hasta finales de año, prolongándose hasta la primavera de 2027. Si bien la naturaleza probabilística y caótica de estos eventos significa que existe una mínima posibilidad de que no ocurra con la severidad prevista —como un penal fallado por Messi o Mbappé—, sería sumamente imprudente apostar por el escenario menos probable. El Niño dominará la agenda en los próximos meses, y es previsible que, tras una breve tregua, la discusión gire nuevamente hacia La Niña y la sequía, en un ciclo recurrente.

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