**
Factores ajenos al control del productor agrícola, como el conflicto bélico y el patrón climático de El Niño, están impulsando de forma significativa el valor del trigo, anticipando una estación primaveral de gran incertidumbre. Publicado el 27 de julio de 2026, 5:00 hs por Blasina y Asociados.
La confluencia del conflicto en Ucrania y el fenómeno El Niño ha desatado una situación crítica en el mercado internacional de cereales. Esta combinación está generando múltiples problemas de suministro, especialmente en el sector del trigo, que se encuentra en un estado de alerta no visto desde el comienzo de la invasión rusa a Ucrania.
Gran parte de esta alteración, que eleva sustancialmente el precio del trigo, radica en la materialización, en el actual mes de julio, de las preocupaciones iniciales sobre el conflicto. Los ataques recíprocos a embarcaciones, terminales portuarias y almacenes de grano, junto con la clausura del estrecho de Kerch —vía que conecta el mar de Azov con el mar Negro—, han paralizado la exportación de una porción considerable de la producción rusa.
**El conflicto, El Niño y el trigo**
La superposición de amenazas climáticas con una escalada significativa del conflicto, donde los drones ucranianos ahora atacan la flota naval rusa y los invasores responden bombardeando puertos ucranianos, incluidas infraestructuras en Odesa, ha reavivado temores que no se concretaron entre 2022 y hace unas pocas semanas, periodo en el que los envíos de cereales habían sido respetados por ambas partes.
El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) señala que cerca del 30% de los países americanos ya necesitan apoyo por El Niño. Este patrón climático se perfila como el más intenso en, al menos, 150 años, con modelos que refuerzan un escenario histórico.
Menos conocido que el estrecho de Ormuz, el de Kerch ha adquirido una relevancia central, ya que por él transita el 25% del trigo ruso. Este canal, que une el pequeño mar de Azov con el vasto mar Negro, se encuentra oficialmente inhabilitado para el tránsito marítimo.
Por otro lado, Ucrania ha implementado diversas estrategias para interrumpir la salida del grano ruso, desde limitar la disponibilidad de gasoil para la cosecha hasta obstaculizar la partida de los buques. Los ataques a refinerías han forzado a Rusia a prohibir la exportación de diésel, lo que ha normalizado las largas colas en las estaciones de servicio. Esta situación también presagia posibles incrementos globales en el precio del gasoil, con el petróleo superando los US$ 100 por barril, lo que limitaría el crecimiento futuro en las áreas agrícolas.
El panorama actual era un temor latente en 2022, cuando la invasión disparó el precio del trigo de US$ 200 a más de US$ 300 por tonelada. Sin embargo, en aquel momento, ambos contendientes respetaron las exportaciones de granos mutuas, dada su necesidad de ingresos para financiar la guerra. Hoy, el aumento en los precios internacionales del trigo se encuentra a mitad de camino, habiendo pasado de US$ 200 a US$ 260, pero su potencial de ascenso adicional es incierto.
La situación actual se agrava por la supremacía aérea ucraniana, lograda mediante drones que han demolido refinerías rusas y, en el último mes, hundido sistemáticamente buques. Esto ocurre en un año de cosecha desastrosa en Estados Unidos, con la menor superficie triguera desde 1871, y en un año de El Niño con altos costos de fertilizantes. A ello se suma la ola de calor que asoló el sur de Europa, diezmando parte del trigo en su fase final y una proporción récord del maíz, severamente dañado durante la floración.
Aunque pareció que el asedio sobre el estrecho de Ormuz se aliviaba, los mercados permanecieron inquietos debido a otro componente de esta «tormenta perfecta»: la intensificación del conflicto en Irán. Durante la Expoactiva, se expresó preocupación por la naturaleza existencial de este conflicto para Irán y su gobierno, y el elevado misticismo chií, lo que auguraba una guerra prolongada y disruptiva. Y así ha sido, al igual que la de Ucrania, que sus iniciadores esperaban que durara días, pero la proliferación de miles de drones ha extendido las capacidades defensivas.
Lo novedoso de la coyuntura es la retroalimentación entre las alteraciones climáticas y geopolíticas. Con un fenómeno El Niño de proporciones históricas, los productores de Brasil y Australia interpretaron correctamente el elevado riesgo y redujeron la superficie de siembra. Al ser un cultivo altamente dependiente del costo del nitrógeno y el gasoil, la acumulación de riesgos disminuye la oferta. En Australia, El Niño incrementa la probabilidad de sequía, mientras que en Rio Grande do Sul (Brasil), eleva la de lluvias excesivas. Particularmente vulnerable es la situación del sur de Brasil, donde las precipitaciones copiosas ya han comenzado, recortando aún más la producción prevista, que ya era baja.
La subida del trigo en lo que va de julio es notable no solo por su magnitud, sino también por el momento del año en que ocurre. Se produce al finalizar la cosecha en el hemisferio Norte, cuando teóricamente la oferta es mayor. Si los conflictos persisten y El Niño impacta, es difícil que los precios desciendan una vez que la cosecha termine.
Otros factores han contribuido a este incremento: Estados Unidos tiene la superficie sembrada de trigo más reducida desde el siglo XIX y sus rendimientos han sido bajos. La ola de calor y la sequía en algunas zonas de Europa del Este también han mermado la oferta de trigo europeo. En un contexto de paz, el trigo suele mantener un precio estable, al igual que el arroz. Estos productos de consumo básico y energético tienen una demanda constante. El crecimiento de la población humana es más lento y la productividad ha mejorado. Tras la crisis de precios de 2008, que desencadenó la Primavera Árabe, los países han optado por incrementar sus reservas de grano. Mantener un precio accesible para los tres cereales fundamentales (trigo, maíz y arroz) es esencial para la estabilidad social.
El stock mundial de trigo no es bajo, al menos según la proyección de junio del Departamento de Agricultura de EE. UU., que espera reservas de 272 millones de toneladas para mediados del próximo año, un tercio del consumo global. Podría considerarse un stock adecuado. No obstante, estas situaciones de turbulencia llevan a los países importadores a realizar compras preventivas para protegerse de recortes adicionales, futuras subidas de precios u otros imprevistos. Esta situación representa una excelente oportunidad para Argentina, donde, tras la gran cosecha anterior y con una relación gubernamental favorable, la superficie de siembra apenas ha disminuido. El Niño afecta menos las zonas trigueras argentinas.
**Menos trigo en Uruguay**
Aunque aún no hay datos oficiales, es sabido que los agricultores uruguayos, de forma lógica, redujeron la superficie destinada al trigo para priorizar la siembra de oleaginosas. Al momento de la siembra, se conocía la proyección de un Niño intenso, pero no había certeza de precios elevados. Si bien se anticipaba una posible subida a causa de la guerra y el encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados, esto estaba lejos de ser una certidumbre. Las estimaciones privadas sitúan la superficie de trigo en 245 mil hectáreas, por debajo de las 315 mil sembradas en el otoño anterior.
La zafra en Uruguay se presenta como un escenario incierto. Si logra evadir los efectos negativos de El Niño y mantener rendimientos similares a los de los últimos años, será una campaña muy exitosa después de periodos donde los bajos precios apenas cubrían los costos. El trigo en Uruguay ha pasado de US$ 200 a US$ 220 para la próxima cosecha, pero actualmente su techo parece ilimitado. Quienes sembraron cebada pueden cerrar precios por encima de los US$ 260, superando con creces lo planificado. El temido efecto dominó, con el aumento inicial de costos seguido por el alza de precios, se está manifestando y podría representar una seria amenaza para la estabilidad de los países importadores en el futuro.
Aunque existe un nivel razonable de stocks globales, lo que es adecuado en tiempos de paz puede no serlo en tiempos de conflicto si los exportadores no pueden o no desean vender. En escenarios bélicos, el stock total difiere del stock realmente disponible. Quien necesite comprar enfrentará una negociación ardua con el vendedor. La combinación de tensión geopolítica y eventos climáticos, que se traduce en menor oferta y precios más altos, podría desatar hambrunas en vastas regiones de Asia y África. Desde Mali o Sudán hasta Afganistán, la vulnerabilidad de millones de personas está en camino de escalar. Los países con capacidad acelerarán sus compras.
Octubre es el mes decisivo en Uruguay para los cultivos de invierno en general y para el trigo y la cebada en particular. Un exceso de precipitaciones durante ese mes podría ser devastador. La primera señal de El Niño llegó a Uruguay hace pocos días, pero, como suele suceder, su epicentro fue el sur de Brasil y las zonas noreste y este de Uruguay. Los cultivos de invierno, mayoritariamente ubicados en el suroeste, recibieron lluvias escasas y, por lo tanto, favorables. Sobre setiembre y octubre, por ahora no hay mucha información, excepto que el riesgo es considerablemente más alto de lo habitual. Se vislumbran altas recompensas posibles, pero también un elevado riesgo. Para el trigo, la primavera será un todo o nada.
**Brasil, más importador que nunca**
A todas las limitaciones se suma una importante en el país vecino, uno de los mayores importadores del mundo y destino crucial para el trigo uruguayo, especialmente cuando este logra buena calidad. Brasil registrará las importaciones más voluminosas de los últimos tiempos. La superficie sembrada, de 1.9 millones de hectáreas, es un 20% menor que la del año pasado. Además, se espera un rendimiento inferior, lo que proyecta una caída de la producción —hasta ahora— del 28%, pasando de 8 millones de toneladas cosechadas en 2025/26 a 5.8 millones. La consecuencia es que las importaciones de trigo de Brasil podrían superar los 7.5 millones de toneladas, marcando las cifras más altas en 20 años. Si Uruguay lograra producir trigos de buena calidad, encontraría un mercado muy favorable en Brasil para colocarlos a precios internacionales, ya que el precio ofrecido localmente se encuentra por debajo de las referencias de Chicago. En las zonas trigueras de Brasil, las lluvias persistentes previstas para las próximas semanas hacen prever más recortes en la producción anticipada antes de la cosecha.
Fuente: Enlace Original
